domingo, 15 de diciembre de 2013

PEDRO TUDURÍ: EL ÚLTIMO AJUSTICIADO EN MALLORCA

Teodoro Toro Gómez
José María Ibáñez

Foto: Archivo Teodoro Toro Gómez
Era una fría mañana del mes de febrero y en la vieja prisión de Capuchinos de Palma se preparaba el verdugo, venido ex profeso desde Valladolid, para dar cumplimiento a la sentencia de muerte por "garrote vil" al recluso Pedro Tudurí Vidal, de cuarenta años de edad. Tudurí fue condenado a la pena capital por haber cometido tres asesinatos; cuyos cuerpos descuartizó y quemó en el horno de la tintorería donde trabajaba. Diez personas fueron elegidas para presenciar el desenlace final de la cruel ejecución: el director de la prisión, el médico forense, un sacerdote, funcionarios de prisiones, agentes del orden, además de los testigos. Todos, sin excepción, sintieron un fuerte estremecimiento cuando el verdugo procedió a cumplir la sentencia. Era el 21 de febrero de 1951 y fue la última ejecución efectuada en Mallorca.

ESTA ES LA HISTORIA
Pedro Tudurí Vidal había nacido en Villacarlos (Menorca) en 1911. Casado en segundas nupcias se traslada con su mujer, Argentina Pons, a Palma con el fin de buscarse la vida. Aunque siempre había ejercido de panadero, el único trabajo que encuentra es de fogonero en una tintorería. Al principio el matrimonio reside en un piso de la calle Donaire, trasladándose más tarde a la calle Ermitaño, donde realquilan una habitación en el piso propiedad del que acabaría siendo la primera víctima de Pedro Tudurí.

Según la sentencia, unos celos infundados hacia su esposa, convencido de que ésta se entendía con el casero, Bernardo Ramis; hombre soltero, solitario e irascible, es el detonante que conduce a Tudurí a planificar fríamente su cruel venganza. El marido celoso cita al presunto amante de su mujer en la tintorería. Una vez los dos solos, tras una fuerte reyerta, el casero cae abatido al suelo como consecuencia de los fuertes golpes en la cabeza propinados con una barra de hierro. Seguidamente, el asesino arrastra el cadáver hasta la caldera y abandona tranquilamente el lugar de los hechos.

A la mañana del día siguiente, festivo, Pedro se dirige nuevamente a la tintorería, donde enciende la caldera, descuartiza el cuerpo y arroja los pedazos del infortunado casero al horno para su cremación. Una vez finalizado con éxito el macabro ritual, Tudurí regresa a su casa y le comunica a su esposa que el casero se ha visto obligado a viajar a Barcelona para atender unos asuntos de suma importancia. Una hija de la víctima, sin sospechar lo ocurrido, avala la coartada del asesino al manifestar que su padre le había comunicado que tenía la intención de viajar a la península.

(Foto: Archivo Teodoro Toro Gómez)
Tudurí sigue tranquilamente habitando en casa de su víctima y poco después instala una bodega en los bajos del edificio. El negocio no funciona y decide traspasarlo a la que más tarde se convierte en su segunda víctima, Marcial Jiménez Múñoz. El nuevo propietario tampoco consigue que el negocio funcione e intenta por todos los medios deshacer el trato. Tudurí se niega rotundamente y le exige el pago de la cantidad estipulada en el contrato. Pedro cita en la tintorería a Marcial y de un fuerte golpe en la cabeza acaba con su vida.

Pero la historia continua. Temeroso de que la desaparición de Marcial acabe siendo denunciada por su mujer, Valentina Armijo, cita a ésta, también en la tintorería, y la agrede mortalmente de igual forma que su esposo: un contundente golpe en la cabeza con la misma barra de hierro. A continuación, descuartiza los dos cuerpos y los arroja al interior del horno, donde acaban totalmente consumidos por el fuego.

Tras éste doble crimen Tudurí también se monta una coartada y siguiendo con las directrices de su primer asesinato, explica a los vecinos que el matrimonio ha tenido que trasladarse urgentemente a Barcelona. Pasado el tiempo, sin noticias del paradero del matrimonio, los familiares denuncian a la policía la misteriosa desaparición de la pareja.

Las sospechas se centran desde un principio en la persona de Pedro Tudurí, que acaba siendo detenido. Los agentes registran la casa del sospechoso sin encontrar ni los restos de los cuerpos, ni ninguna pista relacionada con las desapariciones.

VISTO PARA SENTENCIA
Lo cierto es que en el juicio no se aportaron pruebas concluyentes sobre la participación de Pedro Tudurí en las tres desapariciones. Sin embargo, la sentencia dictada el 23 de octubre de 1948, señala que Tudurí, era responsable de los delitos de homicidio en las personas de Bernardo Ramis y Marcial Jiménez Múñoz y de un delito de asesinato con agravantes, por lo cual se le condenaba a las penas de 14 y 17 años de prisión menor por los dos homicidios, y a la muerte por el asesinato de Valentina Armijo; además de indemnizar a los herederos de las víctimas con veinticinco mil pesetas a cada uno de ellos.
Fosa común donde descansan los restos de Pedro Tudurí
en el cementerio de Palma
(Foto: Archivo José María Ibáñez)

El día anterior a la ejecución hace acto de presencia en Palma, escoltado por una pareja de la Guardia Civil, el verdugo de Valladolid, Florencio Fuentes, equipado con una maleta repleta de instrumentos de muerte: argollas, manivelas, tuercas, tornillos puntiagudos...

La historia de éste suceso puede muy bien enmarcarse en la antología de los crímenes más brutales acaecidos en la "España Negra". Pedro Tudurí Vidal permanece fuertemente custodiado en las horas previas a su ejecución, proclamando su inocencia hasta el último momento. Otro hombre también estaba convencido de ello. Su abogado defensor, Luís Matas, que declaró en el juicio que todas las acusaciones carecían de solidez, al no haberse aportado ninguna prueba incriminatoria concluyente. Hoy, si volviera a repetirse el juicio, probablemente, Pedro Tudurí Vidal sería absuelto.

FUENTES CONSULTADAS:
*Archivo personal de Teodoro Toro Gómez.
*Hemeroteca Diario Última Hora.

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