miércoles, 25 de diciembre de 2013

EL HISTÓRICO CASAL DE CA´N BERGA

Josep María Osma Bosch

Patio de Can Berga (Foto: Archivo Josep María Osma Bosch)
Can Berga, casal que de forma exterior visitamos en la pasada ruta cultural del día 12 de diciembre, cuenta con uno de los más espectaculares patios de Palma, y que se ubica en el número 12 de la plaza del Mercat, tiene su origen en la época de la dominación islámica; en esos tiempos, uno de los de más esplendor y riqueza de nuestra isla, su entrada principal, debido a las aguas poco profundas del torrente Exequin (Sa Riera) humedecían sus parámetros, tenía la entrada principal por la que hoy se conoce como calle de Ca´n Santacilia. En 1231 fue ocupado por las monjas agustinas de Santa Margalida, las cuales, casi cinco décadas después lo cambiaron a los frailes franciscanos por su cenobio que estaba situado a escasos metros de la antigua denominada Bàb al-Khâl, puerta de muralla de la Madina Mayûrqa por donde entraron las tropas feudales al mando del rey Jaime I al alba del 31 de diciembre de 1229.

Gabriel de Berga i Santacilia
(Foto: Archvio Josep María Osma Bosch)
En el año 1278 los seráficos, al trasladarse a otra sede conventual, la que poseen en nuestros días, es decir, en la plaza de Sant Francesc, vendieron el inmueble a Hug de Pax, cuyos descendientes lo habitaron hasta el 30 de septiembre de 1600, fecha cuando finó Pere de Pax que pasó a Joan Miquel de Santacilia i de Togores, esposo de Margalida de Pax i de Burgues, hija del fallecido, quien al dejar este mundo terrenal el 26 de mayo de 1611, se hizo cargo de su propiedad de Pere de Santacilia i Pax, quien al obitar en 1669, lo heredó su hija Elionor de Santacilia de Togores i de Montanyans, cónyuge de Gabriel de Berga i de Zanglada, la cual, ocho años después, al irse a la sepultura se lo entregó a su hijo Gabriel de Berga i de Santacilia, capitán de Caballería, muerto de un tiro en el pecho el 27 de septiembre de 1706, en plena Guerra de Sucesión (1701-1715), cerca de la actual Plaza de la Reina, defendiendo la causa de Felipe de Borbón contra los partidarios del Archiduque Carlos de Austria que habían desembarcado en Ciutat de Mallorca. Al día siguiente de su muerte, fue enterrado clandestinamente en la capilla de las Animas del Purgatorio de la iglesia conventual del Real Convento de Santo Domingo, curiosamente, durante muchos años, fueron expuestas en una de las ventanas de Ca´n Berga las botas que calzaba en el instante que el tiro de arcabuz terminó con su vida.

Gabriel de Berga i de Zaforteza, un personaje muy peculiar en la historia del casal por sus riquezas en el mismo, y que merece ser tratado en un artículo aparte, le proyectó una gran reforma, y para ello, contrató a Joan Pons, mestre picapedrer, y a Joan Rotger, mestre fuster, usando bastantes materiales de construcción, para ahorrar gastos, de otros inmuebles que poseían los Berga por toda la ciudad, lo transformaron del gótico al barroco. El escudo de armas que preside la entrada principal, es decir, cinco lunas menguantes de dos en dos y una al final de las mismas, que por cierto, está rematado por una corona marquesal, a pesar que no poseían los Berga ese título nobiliario, es obra de Joan Deyà. La fachada central presenta una balconada corrida, diseñada en 1754 por el arquitecto Juan Francisco Aragón, cuyo balaustre procede del convento de Sant Francesc de Paula, cenobio que desapareció con la tercera desamortización de Juan de Dios Álvarez de Mendizábal en 1835, y que se hallaba ubicado entre las actuales plaza de la Reina y calle Conqueridor.

Al fallecer Gabriel de Berga i de Berga el 28 de noviembre de 1756, al haber fallecido también sus dos hijos varones, sus bienes pasaron a Cecilia Zaforteza i de Berga, su prima y esposa de Francesc Sureda de Sant Martí, marqués de Vilafranca. Los Zaforteza,en varias ramas familiares, tuvieron el casal en pertenencia hasta el 12 de junio de 1942, cuando Raimundo Fernández Cuesta, a la sazón ministro de Justicia, firmaba, en nombre del Estado, el contrato de compra; previamente, también optaron para su adquisición la Diputación Provincial de Baleares y el Hotel Ritz de Barcelona. En 1965, el edificio, entonces destinado a juzgados y a la Audiencia Territorial, sufrió importantes reformas en su interior desvirtuándolo en mayor parte de su antigua distribución; hoy en día ocupa el Tribunal Superior de Justicia de Baleares.
Escudo de armas
(Foto: Archivo Josep María Osma Bosch)

Durante algunos siglos nuestra isla estuvo, de forma cotidiana, en estado de guerra por las luchas internas de los clanes familiares de los Canamunt y de los Canavall. En el siglo XVIII, aunque se produjo la "paz", permítaseme el entrecomillado, entre esas facciones el 11 de octubre de 1632 en el claustro del convento de Sant Francesc de Ciutat, fue una centuria de lo más movida en esas luchas entre los linajes más poderosos de Mallorca. El 14 de junio de 1615, una partida de los Canavall asesinaron a tiros de arcabuz al caballero Arnau de Santacilia i de Pax cuando iba de camino a la possesió familiar de Alfabía  a Ciutat de Mallorca; su hermano, Pere de Santacilia i de Pax, se convirtió en líder de los canamunters, y en venganza por la muerte de su familiar directo, asesinó e hizo matar a muchos de sus adversarios.

En 1632, este personaje, habiendo huido de la isla debido a sus múltiples criminales acciones, y para conseguir el perdón regio, entra en la milicia. Dos años después, bajo su propio peculio, forma un contingente de hombres armados con los que combatirá al servicio del rey Felipe IV en las campañas bélicas englobadas en la Guerra de los Treinta Años: Mittelburg, Maguncia, Tarragona, Tortosa, Maó, frontera de Portugal... Por sus grandes servicios prestados a la Corona, y por su denuedo mostrado en su carrera de las armas, Pere de Santacilia i de Pax fue recompensado con los empleos militares de almirante, gobernador general de Dragones del Ejército y de la Caballería de Castilla la Vieja, ministro del Consejo Supremo de Guerra, gobernador de Menorca, y procurador del Reino de Mallorca, falleció el 19 de diciembre de 1699, siendo enterrado con el hábito de la Orden de Calatrava.

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