domingo, 10 de agosto de 2014

UN MILAGRO EN LA CATEDRAL DE MALLORCA

Josep María Osma Bosch

El apellido Descatlar, hoy en día Dezcallar, perteneciente a la nobleza local, con el título de marquesado del Palmer, tiene su origen en la isla desde el año 1285 cuando Pone Descatlar acompañó al futuro Alfonso III de Aragón a la invasión del Reino de Mallorca, y que a lo largo de la historia ha dado notables miembros que han ocupado importantes cargos oficiales tanto en la milicia, Iglesia, política y en la actualidad en el campo de la diplomacia, como los hermanos Rafael, Jorge y Alonso Dezcallar que han sido embajadores de nuestro país, todavía llamado España, en diversos lugares del mundo como Alemania, Estados Unidos de América, Mauritania… Aunque a decir verdad, el motivo de este artículo no es dar a conocer uno por uno todos los miembros que han de ese linaje, sino centrándome en dos de ellos, uno quizá el más conocido históricamente hablando, y otro, el que protagonizó un hecho insólito en la Mallorca de finales del siglo XVII.

Ca´n Catlar
(Foto: Archivo Josep María Osma Bosch)
En el año 1442, el rey Alfonso V el Magnánimo de Aragón, concedía, con carácter hereditario, el título de Senior de la Bossa d´Or (Señor de la Bolsa de Oro), con una renta anual de 2.000 florins, a Pere Descatlar i Santacoloma, concesionario de la ceca de Mallorca, es decir, fábrica de moneda, con el añadido de ser privilegiado con el dret d´agranadures, por el cual podía recoger todos los residuos metálicos que se originaban durante las acuñaciones de monedas que se fabricaban en una de las dependencias de su casa de Ca´n Catlar, casal nobiliario situado en el actual número 7 de la palmesana calle del Sol, función que estuvieron realizando hasta el 1787, siendo el responsable de la ceca Guillem Descatlar i d´Olesa, cuando el Estado centralizó la acuñación monetaria; aunque la ceca mallorquina de los Descatlar volvió a tener su antigua función durante la Guerra de la Independencia y durante la epidemia amarilla que sufrió la ciudad en 1821, teniendo la dirección Jordi Abri Descatlar, el cual tenía que dar cuentas a la Junta Suprema de Gobierno del Reino, siendo las emisiones realizadas en el castillo de Bellver..

En los últimos días del mes de diciembre de 1693, falleció,  a la edad de seis años,  un hijo de Gerard Descatlar i Serralta, capitán de Infantería,  caballero del la Orden Militar de Calatrava y descendiente de Pere Descatlar i de Santacoloma, el primer Senior de la Bossa d´Or. El afligido padre, en nombre de la familia, solicitó a Pere d'Alagó i Cardona, a la sazón arzobispo-obispo de la diócesis mallorquina, poder dar cristiana sepultura en horas nocturnas al recién hijo finado en la cripta familiar de los Descatlar que poseían en la iglesia parroquial de Santa Eulàlia en Ciutat, solicitud que le fue denegada. Ante esa postura negativa del prelado, Gerard Descatlar hizo trasladar el cadáver  de su hijo a la iglesia conventual de La Mare de Déu dels Socors, templo y cenobio regentado por los PP. Agustinos y donde fue celebrada una misa de Angelis en memoria del niño que había obitado el día anterior.

 Pere D'Alagó i Cardona que ocupó  la mitra mallorquina desde el 27 de octubre de 1648 al 3 de mayo de 1701, muy querido por el pueblo llano,  al que ya vimos presidiendo los cuatro autos de fe de 1691 ( Ver mi artículo publicado en este Blog Los cuatro autos de fe del año 1691, del sábado, 12 de julio de este presente año), al tener conocimiento de la desobedecida  orden de negación a Gerard Descatlar, puso el caso en manos del fiscal eclesiástico, el cual dictaminó que el caballero y militar había cometido una grave infracción. Por su parte Descatlar no se quedó de brazos cruzados,  ya que pidió ayuda a sus hermanos calatravos y en su nombre al prestigioso canónigo Joan Dameto, conservador de las principales órdenes militares como la propia de Calatrava, Santiago, Alcántara y Montesa; Joan Dameto sin pensárselo dos veces, excomulgó al máximo jerarca de la Iglesia de Mallorca.

Con nervios a flor de piel y humillado Pere d 'Alagó, tras consultar con sus teólogos y juristas, ordenó emitir un bando que hizo colocar en la puerta del coro de la catedral,  proclama en la cual descalificada al canónigo Joan Dameto y a las órdenes militares por los agravios sufridos contra su persona. Horas más tarde, en la madrugada del 23 de diciembre cuando los beneficiarios catedralicios, quienes atónitos habían visto el bando manchado de excrementos humanos, y al estar en canto de maitines, en el momento de entonar el salmo Rector potens escucharon un ruido quedando sorprendidos al ver que el crucifijo colocado sobre un eje del facistol principal de la sala destinada al canto, talla que siempre se hallaba en posición de mirada al portal del habitáculo donde se hallaba el bando “ensuciado”,  se había girado en dirección a la plaza de asiento del prelado, en  ese momento vacía ya que el portador de la mitra se hallaba en el mundo de los sueños. Acto seguido, se dio aviso al prelado, el cual junto al procurador fiscal y otros miembros de la curia se personaron al lugar del milagroso suceso. El Procurador fiscal, tras tomar declaración a los beneficiarios catedralicios, y a Antoni Sard, carpintero de la catedral, y a Antoni Ferragut, campanero mayor, levantó acta exponiendo en la misma que el eje del soporte del crucifijo era imposible de forma natural darle ninguna clase de movimiento.

Antiguo coro de la Catedral de Mallorca
(Foto: Archivo Josep María Osma Bosch)
Con toda seguridad, y creo que no creo que me equivoque, los seguidores y seguidoras de este Blog habrán llegado a la conclusión que la pequeña talla del Santo Cristo en La Cruz daba la razón al arzobispo-obispo Pere d´Alagó i Cardona.

En el año 1904, con motivo de la reforma de nuestra catedral,  en la que se incluía el coro, realizada por el arquitecto catalán Antoni Gaudí Comet (1852-1926), a iniciativa del entonces obispo de Mallorca Pere Joan Campins i Barceló (1859-1915), la imagen del Santo Cristo protagonista del portento que acabamos de ver, fue trasladado a la capilla de San Bernardo, en dicha capilla,  la cuarta por la parte de la Epístola,  y una de las más antiguas, unos años más tarde, concretamente el 30 de agosto de 1912, se declaró un virulento incendio, y además de la milagrosa talla, fue pasto de las llamas un artístico retablo barroco obra de Francisco de Herrera "el Viejo" (1590-1656).

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