martes, 8 de abril de 2014

EL SAQUEO DE CIUTADELLA DE MENORCA DEL AÑO 1558

Josep María Osma Bosch

En la mañana de 30 de junio de 1558, los vigías que estaban prestando servicio de vigilancia en la parte norte del puerto de Ciutadella divisaron no lejos de la costa a una armada otomana de ciento cuarenta embarcaciones fuertemente armadas de artillería de gran calibre, contingente al mando de Mustaf Piali Pascha, un croata cristiano renegado al servicio del sultán Soliman II. Esta escuadra naval tenía que haberse unido en Ajaccio a sus aliados franceses para tomar Córcega, pero tras asaltar Massa, Cantone y Sorrento, optaron por seguir el pillaje eligiendo a Menorca para su futura próxima víctima.

Sólo dar el toque de alarma, el Regente de la Real Gobernación mossèn Bartomeu Arguimbau, ordenó el reclutamiento de hombres de toda la isla y reformar el sistema defensivo de las murallas de la ciudad. Horas después, mientras los turcos, unos 15.000, sitiaban la urbe castigándola con una incesante lluvia de balas de cañón procedentes de sus barcos que hacían mella en las débiles murallas, el capitán Miguel Negrete, junto a medio centenar de soldados de la guarnición de la plaza, medio millar de ciutadellencs y de ciutadellenques, doscientos hombres llegados de Alaior y Es Mercadal y unos pocos de Maó, luchaban con denuedo defendiendo hasta la ultima gota de su sangre esa parte del suelo menorquín.

Obelisco de la Plaza D´es Born
(Foto: Archivo Josep María Bosch)
Pasaban los días y la situación era cada vez más negativa y se veía que el fin no tardaría en hacer acto de presencia. Las autoridades de Ciutadella propusieron a mossèn Arguimbau y al capitán Negrete que pusiesen sus vidas a salvo huyendo de la ciudad, pero se negaron. A pesar agotarse los alimentos y haber sido volado el deposito de municiones y  de la enorme diferencia entre los combatientes de uno y otro bando, los menorquines, tras repeler tres asaltos, resistieron el asedio hasta el 9 de julio, día en que los turcos penetraban por un boquete abierto en los muros, hoy plaza d´es Born, haciendo inútil la resistencia de los sitiados. Los tres días que siguieron fueron de autentico terror protagonizado por los vencedores: matanzas, violaciones de mujeres, quema de templos, robos; como ejemplo de esa crueldad que sembraron los otomanos, la abadesa del convento de Santa Clara, madre Àgueda Ametller fue violada, arcabuceada y después colgada de un árbol, esta religiosa sería objeto de tema de una novela escrita por Miquel Eugeni Caimaris de 1840 y de título Sor Àgueda Ametller. Al cuarto día, ya habiendo arrasado toda la ciudad, los piratas se hicieron a la mar, rumbo a Constantinopla, llevándose consigo todo el botín que habían usurpado y a 3.452 personas, entre las que se hallaba mossèn Arguimbau, el capitán Negrete y gente de todas clases sociales: monjas, frailes, nobles, payeses… con la intención de pedir rescate de dinero por ellos o venderlos en mercados de esclavos de Estambul.

Además de los cautivos, los turcos llenaron las bodegas de sus barcos con infinidad de objetos de valor; y de ellos, solamente fueron recuperados, hoy en día de nuevo en suelo menorquín, el código de privilegios y cartas reales de Menorca, el Llibre Vermell, debido al color rojo de su encuadernado, y un artístico retablo de la Adoración de los pastores en Belén que se hallaba en el monasterio de Santa Clara.  

Transcurridos tres meses, concretamente el 7 de octubre, Pere Quintana, notario natural de Menorca, se desplazaba a Constantinopla, y tras innumerables y complicadas gestiones pudo entrevistarse con parte de los cautivos menorquines, entre los cuales se hallaban los citados anteriormente mossèn  Bartomeu Arguimbau, el capital Miguel Negrete; el caballero Joan Martorell, y los menestrals  (artesanos) Martí Traver, Joan Aloy y Gabriel Mercadal, quienes de su viva voz, y con todo detalle, narraron al notario los hechos acaecidos en esa jornadas trágicas de Ciutadella. Quintana transcribió lo oído en un documento que ha pasado a la Historia como el Acta de Constantinopla, aunque, ha decir verdad, este documento no fue conocido hasta el año de 1620.

Cada 9 de julio, fecha del aniversario del asalto turco, conocido como S´Any de sa Desgràcia de Ciutadella, (Año de la desgracia de Ciutadella), en el pleno del ayuntamiento de la ciudad se recita el Acta de Constantinopla, luego se celebra en la catedral una solemne misa por las almas de esas jornadas a los que defendieron su tierra hasta la última gota de su sangre contra los piratas, y acto seguido se deposita una corona floral en el obelisco de la plaza D´es Born, monumento erigido en 1858, de 22 metros de altura, conocido por el vulgo como sa pirámide, y pronunciado en lengua vernácula como sa pitàmide,  y en cuyos cuatro lados figura, en placas de mármol, la inscripción redactada en latín por el insigne historiador, Josep Maria Quadrado i Nieto (1819-1896)  nacido en la misma urbe: Hic sustimus pro aris et focis usque ad Morten (Por la religión y la patria, aquí resistimos hasta la muerte).
                                                    

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